post thumb

El régimen como pandemia

Por: 2020-03-13
Noticia 009-2020

Un clima de estupor y sozobra se cierne sobre el país. A pesar de la algarabía racista, la gente no termina de explicar, con la suficiente claridad, qué es lo que ocurrió para que se produjera un movimiento tectónico ensamblando estallido social y golpe policial-militar que obligó renunciar a Evo Morales en un país que empezaba a construir un vigoroso Estado Plurinacional. No es éste el espacio para discutir las causas del golpe, sus actores o su trama profunda, pero lo cierto es que hay

En solo cuatro meses de gobierno, Bolivia está viviendo las horas más desdichadas de quiebre, incertidumbre e inestabilidad política de los últimos 20 años. Al golpe de Estado de noviembre del 2019 le ha sucedido un régimen que, en lugar de gestionar la transición, se apropió del poder para competir ilegítimamente en las elecciones de mayo con resultados predecibles. Inequívocamente, los dados electorales están cargados bajo la sombra siniestra de un portentoso fraude tutelado por el imperio norteamericano y sus aliados circunstanciales como la Organización de Estados Americanos, iglesia católica, pelotón de ONGs financiadas por los EEUU, vecinos belicosos como Brasil y Chile, amén de sectores ultraconservadores de la Unión Europea que trabajan en Bolivia. En este escenario electoral la autonombrada presidenta, violando su compromiso de gestionar la transición pateó el tablero para convertirse en candidata por la fuerza política JUNTOS, un entramado partidario difuso, tejido sobre la hora, pero obediente a un plan arteramente deliberado para continuar en el gobierno a expensas del resultado del 3 de mayo. Ventajas de por medio, disponibilidad de recursos públicos, asesoría en mercadeo político y apoyo financiero externo, la candidata oportunista y fraudulenta disputa el segundo con un discurso edulcorado de orden y pacificación con el denominador común de mano dura frente al pasado. En un escenario que más parece una riña criolla de gallos caprichosos, los candidatos conservadores no terminan de despejar su irresponsable participación en la francachela golpista. En el centro de esta contienda, Carlos Mesa, candidato perdedor e indecoroso, promotor de la violencia racista e instigador de la destrucción de tribunales electorales, está de capa caída y las encuestas lo muestran en picada. Con una campaña que muestra señales de desmoronamiento en la preferencia electoral, se mueve confundido, lento e incapaz de responder a un escenario difuso en el que dejó de figurar como protagonista principal. Luis Fernando Camacho, el golpista bufón al que le impusieron el uso de la biblia para terminar con un gobierno democrático, es otro de los candidatos en cuyo cerebro apenas caben dos ideas peregrinas pero que a cambio dispone de un bolsillo lleno, esquilmado a sus promotores. Disputa el espacio en el que caben proyectos neofascistas, de inspiración religiosa evangélica y un instinto gregario de saqueo estatal.

Sobre el Autor

Edgar Alarcón Zavaleta

Director del Diario Digital EL PODER, estudió Ingeniería Agroindustrial en la Universidad Nacional de San Martín.

Subir